historiaDesde 9 años
El juez y la oreja mordida
Cuando Nasrudín fue juez, llegaron dos hombres. Uno decía: «Este me mordió la oreja». El otro: «Mentira, se la mordió él solo». Nasrudín pidió tiempo, se fue a un rincón y trató de morderse su propia oreja. No pudo, perdió el equilibrio, se cayó y se rompió la cabeza. Se vendó, volvió a su sitio y dictó sentencia:
¿Te hizo reír?
Fuente: gutenberg.org