Historias graciosas

Nasreddín, Pedro Urdemales, anécdotas reales y cuentos populares con final inesperado.

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El loro que avisaba

Un ladrón entra de noche en una casa y oye una voz en la oscuridad: «Jesús te está mirando». Se queda paralizado del miedo. Al rato sigue robando y vuelve a oír: «Jesús te está mirando». Alumbra con la linterna y ve a un loro. «¿Fuiste tú?». «Sí, solo quiero avisarte». «¿Y cómo te llamas?». «Moisés». «¿Qué clase de persona le pone Moisés a un loro?».

Audio · 27 s

La camisa roja del capitán

El capitán Bravo era famoso por su valentía. Un día apareció un barco pirata y él gritó: «¡Tráiganme mi camisa roja!». Se la puso, guio a sus hombres y ganaron. Días después aparecieron dos barcos piratas; otra vez pidió la camisa roja y otra vez vencieron. Esa noche le preguntaron por qué la camisa roja. «Si me hieren, la camisa roja no deja ver mi sangre, y mis hombres siguen peleando sin miedo». Todos quedaron admirados. Al amanecer, el vigía avistó diez barcos piratas. Toda la tripulación miró al capitán, que gritó con voz firme:

Audio · 42 s

Cuidado con el loro

Un cartero entra a una casa y ve un cartel: «Cuidado con el loro». Se ríe y sigue. Más adelante, otro cartel: «No moleste al loro». Y luego: «Loro peligroso». Al final encuentra una jaula con un lorito pequeño y viejo. El cartero, burlón, toca la jaula para saludarlo. El loro mira hacia abajo y le dice a su perro:

Audio · 25 s

Gauss y la suma imposible

Cuando Carl Friedrich Gauss tenía unos nueve años, su maestro mandó a la clase sumar todos los números del 1 al 100, solo para tener a los niños ocupados un buen rato. Al poco tiempo, el pequeño Gauss ya tenía la respuesta: 5050. En lugar de sumar uno por uno, se había dado cuenta de que 1 + 100, 2 + 99, 3 + 98... siempre dan 101.

Audio · 38 s

Busco un hombre

Diógenes apareció un día en pleno mediodía, en medio de la ciudad, con una lámpara encendida. Cuando le preguntaron qué hacía, respondió:

Audio · 12 s

El cuento del gallo pelado

Es un cuento de broma para engañar a quien pide un cuento. Le preguntas: «¿Quieres que te cuente el cuento del gallo pelado?». Cuando te contesta que sí, le dices:

Audio · 16 s

El rey y el tabardíe

Un pícaro limó cien monedas de oro, hizo con ellas cien bolitas y se las vendió a un boticario diciendo que se llamaban «tabardíe» y que sin ellas no se podía hacer oro. Luego le hizo creer al rey, aficionado a la alquimia, que sabía fabricar oro. El rey compró el tabardíe al boticario, el pícaro lo fundió... y salió oro. Entusiasmado, el rey le dio una fortuna para que fuera a buscar más tabardíe a su tierra. El pícaro nunca volvió. Tiempo después, unos hombres hicieron una lista en broma y pusieron al rey entre los tontos. «¿Y si el hombre vuelve?», les preguntó el rey.

Audio · 41 s

El calendario de piedras

Para no perder la cuenta de los días del mes de ayuno, Nasrudín echaba una piedra cada día en una olla. Sin que él lo supiera, su hija echó un puñado de piedras dentro. Cuando le preguntaron qué día del mes era, Nasrudín fue a contar las piedras: ¡había ciento veinte! Para no parecer tonto, salió y dijo: «Hoy es el día cuarenta y cinco». «Pero, Mulá, el mes solo tiene treinta días».

Audio · 31 s

El turbante demasiado corto

Nasrudín intentó enrollarse su turbante, pero la tela no le alcanzaba. Fastidiado, la llevó al mercado y la puso a subasta. Cuando alguien la compró, Nasrudín se le acercó en voz baja y le dijo:

Audio · 21 s

El juez y la oreja mordida

Cuando Nasrudín fue juez, llegaron dos hombres. Uno decía: «Este me mordió la oreja». El otro: «Mentira, se la mordió él solo». Nasrudín pidió tiempo, se fue a un rincón y trató de morderse su propia oreja. No pudo, perdió el equilibrio, se cayó y se rompió la cabeza. Se vendó, volvió a su sitio y dictó sentencia:

Audio · 29 s

El negocio de los huevos

Nasrudín compraba huevos a nueve por moneda y luego los vendía a diez por moneda. Alguien le preguntó: «¿Por qué vendes diez por lo mismo que pagaste por nueve?».

Audio · 14 s

Un anillo para recordarte

Un amigo le dijo a Nasrudín: «Dame un anillo, y cada vez que lo mire pensaré en ti». Nasrudín respondió:

Audio · 14 s

El carrete de fotos

Un señor que nunca había tenido una cámara recibe una de regalo. Va a la tienda de fotografía y pide un rollo de película. El dependiente le pregunta: «¿Seis por nueve?».

Audio · 15 s

El pago en Ferrari

Un hombre va a un abogado: «Necesito que me defienda, pero no tengo ni un centavo». «¿Y entonces yo qué gano?». «Tengo un Ferrari nuevo; si gana el caso, es suyo». «Trato hecho. ¿De qué lo acusan?».

Audio · 16 s

El torero solitario

En plena corrida, el torero grita: «¡Déjenme solo! ¡Déjenme solo!». «Pero, maestro, si está usted solo».

Audio · 10 s

El viaje soñado

Dos alumnos llegan tarde. La maestra le pregunta al primero: «¿Por qué llegaste tarde?». «Soñé que viajaba por el mundo, conocí muchos países y me desperté tarde». «¿Y tú?», le pregunta al otro.

Audio · 16 s

El caracol atropellado

Un caracol fue atropellado por una tortuga. Despierta en el hospital de caracoles y su esposa le pregunta: «Cariño, ¿qué pasó?».

Audio · 12 s

La carrera de la selva

En las olimpiadas de los animales, todos arrancan a correr, pero se van cansando uno a uno. Al final solo quedan la hormiga y el elefante peleando por el primer puesto, cuando de repente se oye un ¡PUM! El elefante pisó a la hormiga. Todos los animales gritan: «¡Asesino, asesino!». Y el elefante se defiende:

Audio · 24 s

La viejita y el timbre

Una viejita intentaba tocar el timbre de una casa, pero no alcanzaba. Un señor se acercó muy amable: «Señora, ¿la ayudo?». «Sí, joven, ¿me toca el timbre, por favor?». El señor tocó el timbre. «Listo, señora. ¿Y ahora qué?».

Audio · 20 s

Groucho juega al tenis

En 1937 se organizó un partido de dobles de tenis con famosos: Groucho Marx contra Charlie Chaplin, que se tomaba el tenis muy en serio. Groucho llegó a la cancha con doce raquetas y una maleta. Chaplin, desconcertado, le preguntó qué llevaba en la maleta. Groucho le preguntó qué llevaba él en la suya, y Chaplin contestó que no traía ninguna. «¿Y qué clase de tenista es usted?», le dijo Groucho.

Audio · 36 s

Lady Astor y el té de Churchill

Se cuenta que, durante una discusión, la diputada Nancy Astor le dijo a Winston Churchill: «Si usted fuera mi marido, le pondría veneno en el té». (La anécdota es famosa, aunque no está bien documentada). Churchill respondió:

Audio · 20 s

Diógenes y Alejandro Magno

Alejandro Magno fue a conocer a Diógenes, que estaba tomando el sol a las afueras de Corinto. «Soy Alejandro», le dijo el rey. «Y yo, Diógenes, el perro». Alejandro, impresionado, le ofreció: «Pídeme lo que quieras». Diógenes, sin inmutarse, le contestó:

Audio · 22 s

El pan que cayó bien

En Chelm, una joven dejó caer al suelo una tostada con mantequilla y, para su asombro, cayó con la mantequilla hacia arriba, cuando todo el mundo sabe que siempre cae al revés. Convocaron a todos los sabios del pueblo, que pasaron tres días ayunando y debatiendo en la sinagoga. Al final volvieron con la respuesta:

Audio · 25 s

El padre, el hijo y el burro

Un padre y su hijo iban al mercado a pie, llevando el burro sin carga. Unos hombres se burlaron: «¡Qué tontos, el burro descansado y ellos caminando!». Subió el hijo, y otros dijeron: «¡Qué vergüenza, el viejo a pie y el muchacho montado!». Bajó el hijo y subió el padre; otros criticaron: «¡Pobre muchacho, a pie, y el viejo cómodo!». Subieron los dos, y los siguientes protestaron: «¡Van a reventar a ese pobre burro!». Entonces el padre le dijo a su hijo:

Audio · 42 s