Historias graciosas de nasreddín

Nasreddín, Pedro Urdemales, anécdotas reales y cuentos populares con final inesperado.

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El pescador

Nasrudín salió a pescar con unos hombres. Ellos echaron la red al mar... y Nasrudín se tiró dentro de la red. «Mulá, ¿qué haces?».

Audio · 11 s

¿Ya estoy lo bastante lejos?

Una noche la esposa de Nasrudín le dijo: «Hazte un poco más allá». Nasrudín se levantó, tomó sus zapatos y se puso a caminar. Caminó durante dos días seguidos. Al final se encontró con un hombre y le pidió:

Audio · 20 s

La sopa de la sopa de la liebre

Un campesino le regaló una liebre a Nasrudín, que lo invitó a comer un buen caldo. A la semana volvió el hombre: «Soy el que te trajo la liebre», y Nasrudín lo volvió a convidar. Días después llegaron otros: «Somos los vecinos del que te trajo la liebre». Más tarde apareció un grupo todavía más grande: «Somos los vecinos de los vecinos del que te trajo la liebre». Nasrudín les dio la bienvenida y les sirvió una jarra de agua clara. «¿Y esto qué es?».

Audio · 32 s

El viento del huerto

Nasrudín entró en un huerto ajeno, arrancó zanahorias y nabos y los fue metiendo en un saco. De pronto llegó el hortelano: «¿Qué haces aquí?». «Un viento muy fuerte me trajo volando». «¿Y quién arrancó las verduras?». «El viento me zarandeaba y yo me agarraba a lo que podía; por eso se me quedaron en las manos». «¿Y quién las metió en el saco?».

Audio · 24 s

La palabra de un burro

Un vecino le pidió prestado su burro a Nasrudín. «Lo siento, ya lo presté», respondió él. Justo en ese momento se oyó rebuznar al burro dentro del establo. «¡Pero, Mulá, si lo estoy oyendo ahí adentro!». Nasrudín le cerró la puerta en la cara y dijo con dignidad:

Audio · 24 s

El buey veloz

El gobernador invitó a Nasrudín a un torneo a caballo. Nasrudín llegó montado en un viejo buey y todos se echaron a reír. «Mulá, ¿por qué vienes en ese buey, si no puede correr?».

Audio · 18 s

La mudanza

Una noche un ladrón entró en casa de Nasrudín, cargó con todo lo que había y se fue. Nasrudín lo siguió en silencio hasta la casa del ladrón y, cuando este iba a cerrar la puerta, se metió detrás de él. «¿Qué quieres, Mulá?», preguntó el ladrón.

Audio · 20 s

La olla que dio a luz

Nasrudín pidió prestado un caldero a su vecino y se lo devolvió con una ollita adentro. «¿Y esto?». «El caldero tuvo un hijo», dijo Nasrudín, y el vecino, encantado, se quedó con la ollita. Tiempo después, Nasrudín volvió a pedir el caldero y no lo devolvió. El vecino fue a reclamarlo. «Lo siento mucho», dijo Nasrudín, «el caldero se murió». «¿Cómo va a morirse un caldero?».

Audio · 30 s

Migas contra los tigres

Un vecino encontró a Nasrudín esparciendo migas por toda su casa. «¿Por qué haces eso?». «Para mantener alejados a los tigres». «Pero si por aquí no hay tigres», dijo el vecino.

Audio · 14 s

El pésame a la viuda

Cuando Nasrudín quiso casarse, pensó en una joven que conocía, pero ella prefirió a otro hombre. Años después, el marido murió de una enfermedad. Nasrudín fue a darle el pésame a la viuda y le dijo:

Audio · 19 s

El calendario de piedras

Para no perder la cuenta de los días del mes de ayuno, Nasrudín echaba una piedra cada día en una olla. Sin que él lo supiera, su hija echó un puñado de piedras dentro. Cuando le preguntaron qué día del mes era, Nasrudín fue a contar las piedras: ¡había ciento veinte! Para no parecer tonto, salió y dijo: «Hoy es el día cuarenta y cinco». «Pero, Mulá, el mes solo tiene treinta días».

Audio · 31 s

El turbante demasiado corto

Nasrudín intentó enrollarse su turbante, pero la tela no le alcanzaba. Fastidiado, la llevó al mercado y la puso a subasta. Cuando alguien la compró, Nasrudín se le acercó en voz baja y le dijo:

Audio · 21 s

El juez y la oreja mordida

Cuando Nasrudín fue juez, llegaron dos hombres. Uno decía: «Este me mordió la oreja». El otro: «Mentira, se la mordió él solo». Nasrudín pidió tiempo, se fue a un rincón y trató de morderse su propia oreja. No pudo, perdió el equilibrio, se cayó y se rompió la cabeza. Se vendó, volvió a su sitio y dictó sentencia:

Audio · 29 s

El negocio de los huevos

Nasrudín compraba huevos a nueve por moneda y luego los vendía a diez por moneda. Alguien le preguntó: «¿Por qué vendes diez por lo mismo que pagaste por nueve?».

Audio · 14 s

Un anillo para recordarte

Un amigo le dijo a Nasrudín: «Dame un anillo, y cada vez que lo mire pensaré en ti». Nasrudín respondió:

Audio · 14 s

La rama

Nasrudín estaba sentado en la rama de un árbol y la cortaba con un serrucho. Un hombre que pasaba le advirtió: «¡Cuidado, si cortas esa rama te vas a caer!». Nasrudín no le hizo caso, siguió cortando y, efectivamente, se cayó. Se levantó, corrió tras el hombre y lo agarró del cuello:

Audio · 25 s

El caballo zurdo

Nasrudín viajaba con una caravana y por la mañana no sabía cuál de los caballos era el suyo. Cuando todos se llevaron el suyo, reconoció por fin al suyo y se subió... mirando hacia la cola. «Mulá, ¡estás montado al revés!».

Audio · 19 s

Caldo de pato

Nasrudín vio unos patos nadando en una fuente y corrió a atraparlos, pero todos se fueron volando. Entonces se sentó al borde de la fuente, desmigó un pedazo de pan en el agua y se puso a comérselo. Alguien le preguntó qué comía.

Audio · 16 s

Gracias por el camello

Un día Nasrudín se subió al púlpito y dijo a los fieles: «Den gracias a Dios de que no les dio alas a los camellos».

Audio · 15 s

El contrabandista

Nasrudín cruzaba la frontera todos los días con su burro cargado de paja. Los guardias lo registraban una y otra vez: removían la paja, la mojaban, a veces hasta la quemaban, y nunca encontraban nada. Años después, uno de los aduaneros se lo encontró y le dijo: «Ahora puedes decírmelo, Nasrudín: ¿qué contrabandeabas que nunca pudimos encontrar?».

Audio · 25 s

El lado derecho

Un huésped dormía en casa de Nasrudín cuando se apagó la vela. «Mulá, tienes una vela a tu derecha; pásamela y la encendemos».

Audio · 14 s

Ojalá encuentre algo

Una noche la esposa de Nasrudín le susurró: «¡Mulá, hay un ladrón en la casa!».

Audio · 10 s

Come, abrigo mío

Nasrudín fue a una boda con su ropa vieja y nadie le hizo caso. Volvió a su casa, se puso su mejor abrigo de piel y regresó. Esta vez el anfitrión lo recibió con honores, lo sentó a la cabecera y le dijo: «Coma usted, señor». Nasrudín tomó la manga de su abrigo, la acercó a la comida y dijo: «Come, abrigo mío». El anfitrión, asombrado, le preguntó qué hacía.

Audio · 31 s

Ver en la oscuridad

En la casa de té, Nasrudín presumía: «Yo puedo ver en la oscuridad». Alguien le preguntó: «Si es así, ¿por qué algunas noches te vemos caminando por las calles con una lámpara?».

Audio · 16 s