Historias graciosas absurdas
Nasreddín, Pedro Urdemales, anécdotas reales y cuentos populares con final inesperado.
Migas contra los tigres
Un vecino encontró a Nasrudín esparciendo migas por toda su casa. «¿Por qué haces eso?». «Para mantener alejados a los tigres». «Pero si por aquí no hay tigres», dijo el vecino.
Recuerdos de Carlos
Dos amigos se encuentran. —¡Recuerdos de Carlos! —Gracias. —¡Recuerdos de Carlos! —Gracias... —¡Recuerdos de Carlos! —Gracias... —¡Recuerdos de Carlos! —Ya, ¿no?
El pato y el cerdo
Un hombre va por la calle con un pato bajo el brazo. Se cruza con un amigo que le pregunta: «¿Qué haces con ese cerdo?». «¿Estás ciego? ¿No ves que es un pato?».
El carrete de fotos
Un señor que nunca había tenido una cámara recibe una de regalo. Va a la tienda de fotografía y pide un rollo de película. El dependiente le pregunta: «¿Seis por nueve?».
El torero solitario
En plena corrida, el torero grita: «¡Déjenme solo! ¡Déjenme solo!». «Pero, maestro, si está usted solo».
El caracol atropellado
Un caracol fue atropellado por una tortuga. Despierta en el hospital de caracoles y su esposa le pregunta: «Cariño, ¿qué pasó?».
La carrera de la selva
En las olimpiadas de los animales, todos arrancan a correr, pero se van cansando uno a uno. Al final solo quedan la hormiga y el elefante peleando por el primer puesto, cuando de repente se oye un ¡PUM! El elefante pisó a la hormiga. Todos los animales gritan: «¡Asesino, asesino!». Y el elefante se defiende:
El pan que cayó bien
En Chelm, una joven dejó caer al suelo una tostada con mantequilla y, para su asombro, cayó con la mantequilla hacia arriba, cuando todo el mundo sabe que siempre cae al revés. Convocaron a todos los sabios del pueblo, que pasaron tres días ayunando y debatiendo en la sinagoga. Al final volvieron con la respuesta:
El caballo zurdo
Nasrudín viajaba con una caravana y por la mañana no sabía cuál de los caballos era el suyo. Cuando todos se llevaron el suyo, reconoció por fin al suyo y se subió... mirando hacia la cola. «Mulá, ¡estás montado al revés!».
Caldo de pato
Nasrudín vio unos patos nadando en una fuente y corrió a atraparlos, pero todos se fueron volando. Entonces se sentó al borde de la fuente, desmigó un pedazo de pan en el agua y se puso a comérselo. Alguien le preguntó qué comía.
Gracias por el camello
Un día Nasrudín se subió al púlpito y dijo a los fieles: «Den gracias a Dios de que no les dio alas a los camellos».
El récord del rompecabezas
—Vengo a inscribirme en el libro de los récords. —¿Qué ha hecho usted? —Armé este rompecabezas en solo un año. —¿Y cuál es la dificultad?
El pez condenado
Un vecino de Chelm compró un pez vivo el viernes para cocinarlo el sábado y lo llevaba debajo del abrigo. El pez se agitó y le dio un coletazo en la cara. El hombre fue a quejarse ante el tribunal del pueblo, y los sabios jueces deliberaron con toda seriedad.
El sacristán que dio los avisos
Un domingo el cura amaneció enfermo y le encargó al sacristán dar los avisos: que no habría misa pero que rezaran el rosario; que el jueves era vigilia porque el viernes era San Simón y San Judas; y que Pedro Martínez y María Jiménez se iban a casar, y si alguien sabía de algún impedimento, que avisara. Nervioso ante tanta gente, el sacristán anunció:
Por la tarde no trabajan
Un hombre llega a la puerta del ayuntamiento y le pregunta al guardia: «Perdone, ¿por la tarde no trabajan?».
El viaje por Italia
—¿Qué tal tu viaje por Italia? —Muy bien: estuve en Roma, en Milán y en Temeo. —¿Temeo? Nunca había oído hablar de esa ciudad. —Es grandísima y muy famosa. —¿Seguro que se llama Temeo?
El alpinista que cayó
Dos alpinistas escalan una pared muy empinada y uno se suelta de la cuerda. «¡Juan! ¿Estás bien?». «Sí...». «¿Te hiciste daño?». «No...». «Voy a bajar a ayudarte. ¿Cuántos metros estás por debajo de mí?».
Tarzán y el ratón
Va Tarzán por la selva y se encuentra con un ratoncito. «Tan chiquito y con bigotes...», le dice. El ratón lo mira de arriba abajo y le responde:
El elefante del ascensor
Un elefante trabajaba de ascensorista. Entró un ratoncito apurado y el elefante le preguntó: «¿Qué piso?».
¿Qué quiere?
Un señor entra a un bar. El mesero le pregunta: «¿Qué quiere?». «¿Que qué quiero? Una casa más grande, más dinero...». «No, hombre, ¿qué desea?». «¿Que qué deseo? Una mansión, ser millonario...». «¡No, hombre! ¿Qué va a ser?». «¿Que qué va a ser? Yo prefiero que sea niña, pero si es niño no me importa». «¡No, hombre! ¿Qué va a tomar?». «¡Ah, eso se dice antes! ¿Qué hay?».
El imitador de pájaros
Un hombre va al circo a pedir trabajo. «¿Y usted qué sabe hacer?». «Imito a los pájaros». «¡Bah! Eso lo hace cualquiera». «Ah, bueno... en ese caso...».
La cabra disfrazada
Un señor quería subir a un barco con su cabra, pero el de la aduana le dijo: «La cabra no pasa». Un amigo le aconsejó: «Píntala de negro, ponle un bozal y dirá que es un perro». Así lo hizo, pero el aduanero insistió: «¡Le dije que la cabra no pasa!». «¡No es una cabra, es un perro!». «¿Ah, sí? ¿Y esos cuernos?».
Las huellas en la nieve
En Chelm había un ayudante que cada mañana pasaba casa por casa despertando a la gente para ir a rezar. A los vecinos les daba pena que sus pisadas estropearan la nieve recién caída. Tras mucho pensar, dieron con la solución:
Las nueve monedas del sueño
Una noche Nasrudín soñó que alguien le daba nueve monedas. En el sueño regateó: «Vamos, que sean diez». Y luego: «Mejor once». En plena discusión se despertó y vio que su mano estaba vacía. Entonces cerró los ojos de nuevo, extendió la mano y dijo: