Historias graciosas

Nasreddín, Pedro Urdemales, anécdotas reales y cuentos populares con final inesperado.

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El turbante demasiado corto

Nasrudín intentó enrollarse su turbante, pero la tela no le alcanzaba. Fastidiado, la llevó al mercado y la puso a subasta. Cuando alguien la compró, Nasrudín se le acercó en voz baja y le dijo:

Audio · 21 s

El juez y la oreja mordida

Cuando Nasrudín fue juez, llegaron dos hombres. Uno decía: «Este me mordió la oreja». El otro: «Mentira, se la mordió él solo». Nasrudín pidió tiempo, se fue a un rincón y trató de morderse su propia oreja. No pudo, perdió el equilibrio, se cayó y se rompió la cabeza. Se vendó, volvió a su sitio y dictó sentencia:

Audio · 29 s

El negocio de los huevos

Nasrudín compraba huevos a nueve por moneda y luego los vendía a diez por moneda. Alguien le preguntó: «¿Por qué vendes diez por lo mismo que pagaste por nueve?».

Audio · 14 s

Un anillo para recordarte

Un amigo le dijo a Nasrudín: «Dame un anillo, y cada vez que lo mire pensaré en ti». Nasrudín respondió:

Audio · 14 s

El carrete de fotos

Un señor que nunca había tenido una cámara recibe una de regalo. Va a la tienda de fotografía y pide un rollo de película. El dependiente le pregunta: «¿Seis por nueve?».

Audio · 15 s

El pago en Ferrari

Un hombre va a un abogado: «Necesito que me defienda, pero no tengo ni un centavo». «¿Y entonces yo qué gano?». «Tengo un Ferrari nuevo; si gana el caso, es suyo». «Trato hecho. ¿De qué lo acusan?».

Audio · 16 s

El torero solitario

En plena corrida, el torero grita: «¡Déjenme solo! ¡Déjenme solo!». «Pero, maestro, si está usted solo».

Audio · 10 s

El viaje soñado

Dos alumnos llegan tarde. La maestra le pregunta al primero: «¿Por qué llegaste tarde?». «Soñé que viajaba por el mundo, conocí muchos países y me desperté tarde». «¿Y tú?», le pregunta al otro.

Audio · 16 s

El caracol atropellado

Un caracol fue atropellado por una tortuga. Despierta en el hospital de caracoles y su esposa le pregunta: «Cariño, ¿qué pasó?».

Audio · 12 s

La carrera de la selva

En las olimpiadas de los animales, todos arrancan a correr, pero se van cansando uno a uno. Al final solo quedan la hormiga y el elefante peleando por el primer puesto, cuando de repente se oye un ¡PUM! El elefante pisó a la hormiga. Todos los animales gritan: «¡Asesino, asesino!». Y el elefante se defiende:

Audio · 24 s

La viejita y el timbre

Una viejita intentaba tocar el timbre de una casa, pero no alcanzaba. Un señor se acercó muy amable: «Señora, ¿la ayudo?». «Sí, joven, ¿me toca el timbre, por favor?». El señor tocó el timbre. «Listo, señora. ¿Y ahora qué?».

Audio · 20 s

Groucho juega al tenis

En 1937 se organizó un partido de dobles de tenis con famosos: Groucho Marx contra Charlie Chaplin, que se tomaba el tenis muy en serio. Groucho llegó a la cancha con doce raquetas y una maleta. Chaplin, desconcertado, le preguntó qué llevaba en la maleta. Groucho le preguntó qué llevaba él en la suya, y Chaplin contestó que no traía ninguna. «¿Y qué clase de tenista es usted?», le dijo Groucho.

Audio · 36 s

Lady Astor y el té de Churchill

Se cuenta que, durante una discusión, la diputada Nancy Astor le dijo a Winston Churchill: «Si usted fuera mi marido, le pondría veneno en el té». (La anécdota es famosa, aunque no está bien documentada). Churchill respondió:

Audio · 20 s

Diógenes y Alejandro Magno

Alejandro Magno fue a conocer a Diógenes, que estaba tomando el sol a las afueras de Corinto. «Soy Alejandro», le dijo el rey. «Y yo, Diógenes, el perro». Alejandro, impresionado, le ofreció: «Pídeme lo que quieras». Diógenes, sin inmutarse, le contestó:

Audio · 22 s

El pan que cayó bien

En Chelm, una joven dejó caer al suelo una tostada con mantequilla y, para su asombro, cayó con la mantequilla hacia arriba, cuando todo el mundo sabe que siempre cae al revés. Convocaron a todos los sabios del pueblo, que pasaron tres días ayunando y debatiendo en la sinagoga. Al final volvieron con la respuesta:

Audio · 25 s

El padre, el hijo y el burro

Un padre y su hijo iban al mercado a pie, llevando el burro sin carga. Unos hombres se burlaron: «¡Qué tontos, el burro descansado y ellos caminando!». Subió el hijo, y otros dijeron: «¡Qué vergüenza, el viejo a pie y el muchacho montado!». Bajó el hijo y subió el padre; otros criticaron: «¡Pobre muchacho, a pie, y el viejo cómodo!». Subieron los dos, y los siguientes protestaron: «¡Van a reventar a ese pobre burro!». Entonces el padre le dijo a su hijo:

Audio · 42 s

La rama

Nasrudín estaba sentado en la rama de un árbol y la cortaba con un serrucho. Un hombre que pasaba le advirtió: «¡Cuidado, si cortas esa rama te vas a caer!». Nasrudín no le hizo caso, siguió cortando y, efectivamente, se cayó. Se levantó, corrió tras el hombre y lo agarró del cuello:

Audio · 25 s

El caballo zurdo

Nasrudín viajaba con una caravana y por la mañana no sabía cuál de los caballos era el suyo. Cuando todos se llevaron el suyo, reconoció por fin al suyo y se subió... mirando hacia la cola. «Mulá, ¡estás montado al revés!».

Audio · 19 s

Caldo de pato

Nasrudín vio unos patos nadando en una fuente y corrió a atraparlos, pero todos se fueron volando. Entonces se sentó al borde de la fuente, desmigó un pedazo de pan en el agua y se puso a comérselo. Alguien le preguntó qué comía.

Audio · 16 s

Gracias por el camello

Un día Nasrudín se subió al púlpito y dijo a los fieles: «Den gracias a Dios de que no les dio alas a los camellos».

Audio · 15 s

El contrabandista

Nasrudín cruzaba la frontera todos los días con su burro cargado de paja. Los guardias lo registraban una y otra vez: removían la paja, la mojaban, a veces hasta la quemaban, y nunca encontraban nada. Años después, uno de los aduaneros se lo encontró y le dijo: «Ahora puedes decírmelo, Nasrudín: ¿qué contrabandeabas que nunca pudimos encontrar?».

Audio · 25 s

El atraco en el parque

Un anciano hace ejercicio en el parque y se le acerca un joven: «Disculpe, señor, ¿no ha visto a un par de policías por aquí?». «Pues no, ¿por qué?».

Audio · 15 s

En bicicleta

Los Reyes Magos le trajeron una bicicleta a Jaimito. «¡Mira, mamá, con una mano!», gritó al rato. «¡Mira, mamá, sin manos!», gritó después. Y un poco más tarde:

Audio · 17 s

La herencia del cartero

—Cuando mi padre murió, a mi hermano mayor le dejó las afueras del pueblo, a mi hermano menor la parte norte y a mí todo el centro del pueblo. —No sabía que tu padre fuera rico.

Audio · 14 s